domingo, 15 de abril de 2012
HÚMERO
jueves, 26 de enero de 2012
RASTRO
miércoles, 3 de agosto de 2011
BÚSQUEDA
Quería excitar sus mentes con palabras descarnadas pero sólo hallé silencio. Se sucedieron frente a mí los más extraordinarios hechos y sólo pude susurrar:
“No entiendo”
Una vez comprendí que el poeta en mí había muerto, decidíme entonces a probar suerte en otros asuntos.
Mis cruzadas espaciales no fueron del todo infructuosas. Pude descubrir hacia donde iban en realidad las almas: arden en el sol o son pulverizadas para dar su tono a la luna. Sin embargo estos hallazgos fueron rechazados por los sabihondos habituales, por lo que de nuevo me obligué a cambiar de profesión.
…Quise ser obsesivo,
pero me distraje
haciendo alguna otra cosa…
Finalmente, me uní al ejército. Apenas me puse el uniforme me montaron en un helicóptero y volamos al monte. Allí, me apliqué tan bien mi maquillaje de camuflaje, que me confundí con la vegetación y olvidé por completo que era humano.
Hasta hace sólo unos días reaccioné, y recordé que mis ramas eran manos. Corrí a buscar un charco para ver mi reflejo en él. Contemplé mi rostro unos segundos y supe la respuesta a todas mis preguntas.
domingo, 1 de mayo de 2011
FAIL
Denme un avión, pues no sé volar
Denme hermosos trajes, pues mi piel es simplona
martes, 8 de febrero de 2011
PIROBO (o cuaderno de un malmuchacho)
Mientras esperaba el bus en aquella esquina que activaba en mí un aura malévola, se acercó una señora llevando unos paquetes de mercado. No le presté mucha atención, y seguí maquinando demoniacas calamidades en mi cabeza, hasta que fui interrumpido por el sonido de las bolsas cayendo al piso. Latas rodaron, huevos se quebraron, la leche se regó. Al parecer, los paquetes habían cedido al peso del contenido. La dueña del mercado de inmediato se agachó y empezó a recoger lo que se podía rescatar, y fue ahí cuando descubrí cual sería mi acto terrible del día. Me acerqué a la señora que seguía agachada recuperando los víveres, y se percató de mi presencia cuando mi sombra le tapó el sol. Me miró desde aquel ángulo patético y me sonrió, seguramente pensando que le ayudaría. Pero en ese momento mi pie fue poseído por una fuerza satánica y comencé a patear las viandas que seguían esparcidas en el piso. Fue en realidad jocoso; la señora corriendo agachada como orangután tratando de recolectar frutas y vegetales, y yo, erguido, seguía frustrando sus intentos de rescatar el mercado, pateando los productos que fuese a recoger.
Los improperios no se hicieron esperar: ¡VAGO, MALNACIDO, HARAGÁN, BELIGERANTE, PILLO, CANALLA, CRIO DE LA VILLANIA, DESGRACIADO OPROBIO VIVIENTE, DODECAHIJUEPUTA!
El bus había llegado, entonces no tuve más opción que dejar mi cometido. Pagué mi pasaje y me fui a la banca de atrás, mirando a aquella dama,que corría tras el bus siguiendo su diatriba. Mientras el bus se alejaba veloz y ella se encogía por la distancia, pensé, sumiéndome en terrible pesar, que ella jamás sabría cuánto la amé. U_U
FINAL ALTERNATIVO:
El bus había llegado, entonces no tuve más opción que dejar mi cometido. Pagué mi pasaje y me fui a la banca de atrás, mirando a aquella dama que corría tras el bus siguiendo su diatriba. Cuando la distancia fue demasiada y ella había desaparecido, me senté mirando hacia el frente y saqué mi marcador. En el respaldo de una silla escribí: "Perdóname. Te amo... U_U"
jueves, 23 de diciembre de 2010
EL VIAJERO
eran los únicos
que conocía.
Su esencia era
la de viajero espiritual.
Era además
innegable
su vocación
de filósofo del silencio.
Inconmesurables misterios
se explayaban en su cabeza
cada vez que visitaba la montaña.
Sobra decirlo,
nuestro amigo era
una sola energía
que irrumpía en el espacio,
ahuyentando la nada
y erigiéndose en el vacío.
domingo, 5 de diciembre de 2010
¡HELO AHÍ!
Soledad, era lo único que me faltaba para emprender mi camino en silencio. Iluminado por el chuzón definitivo, emprendería mi más lejano viaje. Todo estaba dispuesto y nada impediría mi ascenso a la nada, siempre tan anhelada.
Mientras la sustancia comenzaba a recorrerme, abriendo el abismo al que me lanzaría, me sonreí pensando en la terrible libertad que me esperaba. Todo palidecía a mi alrededor y podía sentir el abandono etéreo ejecutándose. El aire se acababa a pesar de la ventana abierta donde se veía el cielo al que no iría; ya no podía moverme pero tampoco quería hacerlo; La maquinaria de mi cuerpo se apagaba; se me había ido la mano.
Pero entonces, sonaron los golpes inquisitivos a mi puerta. Escuchaba mi nombre, pronunciado con la ternura de quien te aprecia. Pero por mi mutismo insalvable, el llamado se tornó en un grito desesperado, como el que yo emitía desde adentro mío. Me desvanecía inevitablemente; eso es el miedo. Aún no cerraba los ojos y pude ver la puerta cayendo, lentamente. Después sombras se acercaban a mí y me decían algo que ya no alcanzaba a entender. Todo se puso negro.